Historia

 

CAPITULO III

 

LAS CUENTAS DE LA IGLESIA A FINALES DEL SIGLO XV.

En este artículo vamos a ver las cuentas de la iglesia de Santa Catalina en los últimos años del siglo XV, para averiguar de donde procedían sus ingresos y en qué se gastaban.
La persona encargada de llevar las cuentas de la iglesia era el mayordomo, cargo que implicaba las funciones de administrador y gestor de los recursos económicos, debiendo llevar las cuentas de gastos e ingresos, y justificarlas mediante los correspondientes recibos, cuando los visitadores de la Orden de Santiago, o bien los alcaldes y regidores de la villa le tomaban cuenta. El mayordomo era un nombre genérico, que también se utilizaba para los administradores de las cuentas de los concejos1 o ayuntamientos, hospitales, ermitas, cofradías o cualquier otra institución. Debían presentar cuentas pormenorizadas, y si se observaba alguna irregularidad eran condenados, debiendo además cumplir los mandatos que les hicieran los visitadores, bajo penas pecuniarias. Una vez tomadas las cuentas podían ser confirmados en el cargo o bien ser sustituidos por un nuevo mayordomo, por lo tanto no era un cargo vitalicio, debiendo ser personas con ciertos conocimientos de contabilidad, sobre todo los encargados de iglesias o concejos, que manejaban importantes cantidades de dinero.


El 29 de mayo de 1494, los visitadores de la Orden de Santiago, Pedro de Vera, comendador de Calzadilla, Pedro de Ludeña, comendador de Aguilarejo y Pedro Alonso de Sobremesa, freyle de la Orden visitaron la iglesia de Santa Catalina y tomaron cuentas a "Pedro González Carbonero, mayordomo de la iglesia, de los maravedíes e otras cosas", el cual cifró el cargo (ingresos) en cuarenta y cinco mil doscientos sesenta y seis maravedíes2 , de los que gastó veinticinco mil ciento cuarenta y dos, quedando un alcance (diferencia entre ingresos y gastos) de veinte mil ciento veinticuatro maravedíes, a los que había que sumar dos fanegas y ocho celemines de trigo y veinte fanegas y un celemín de trigo, procedentes de las tierras propiedad de la iglesia y que todavía no habían sido vendidas, tras lo cual los visitadores ordenaron al mayordomo saliente que entregara el alcance al nuevo mayordomo de la iglesia: Juan Mateos de Bartolomé, ordenándole que con dicho dinero hiciera reparar dos arcos de la iglesia que estaban en mal estado, que comprara un procesionario y unas vinateras de estaño, con el objeto de evitar el deterioro de las vinateras de plata que tenía la iglesia.3 Al mayordomo saliente Pedro González se le entregan novecientos treinta maravedíes como pago por el trabajo realizado en la mayordomía de la iglesia .


Las cuentas tomadas cuatro años después, el 3 de diciembre de 1498, por los visitadores López Zapata, comendador de Hinojosa y Antón Sánchez Daza, capellán de Cubillana, al ser más pormenorizadas, nos van a permitir conocer el origen de los ingresos de la iglesia en estos años finales del siglo. El aumento y la complejidad de las cuentas, como consecuencia de la iniciación de las obras, hará que sean necesarios dos mayordomos, uno de la iglesia, Juan López, quien se hará cargo de los ingresos y los gastos corrientes, mientras que el otro será mayordomo de obra, Juan Pardo, llevará las cuentas de las obras, con los ingresos que recibirá del mayordomo de la iglesia, del concejo y vecinos de la villa, así como los gastos que acarreaba la obra.

Un maravedí castellano del reinado de Alfonso X


La iglesia tenía un dezmero excusado, que consistía en el cobro del diezmo4 más alto que se pagaba en la villa para las arcas de la parroquia, impuesto que suponía cada año unos seis mil seiscientos maravedíes. También poseía dos pedazos de viñas en el término de Ruidera, que le rentaban cada año unos cien maravedíes. El resto de las tierras de la iglesia estaban asociadas a un beneficio, lo cual analizaremos en el capítulo siguiente5.


Veamos primero las cuentas de la iglesia, para después centrarnos en las de la obra. Los ingresos de la iglesia presentados por su mayordomo Juan López, ascienden a cuarenta y cuatro mil trescientos cuarenta maravedíes, de ellos treinta mil quinientos veintidós proceden del alcance o beneficio de las cuentas presentadas por el anterior mayordomo, Juan Matheos, el 5 de septiembre del año anterior al concejo de la villa, tras lo cual "le amovieron de la dicha mayordomia", que desempeñaba desde 1494 siendo nombrado nuevo mayordomo Juan López. Desde esa fecha hasta que le toman cuenta los visitadores de la Orden de Santiago, los principales ingresos corresponden al impuesto del diezmo: "seys mil quinientos e cincuenta maravedíes que valio el desmero escusado del año noventa y siete" a los que hay que sumar otros seis mil seiscientos maravedíes del diezmo del año noventa y ocho6 . El dezmero excusado de La Solana era una cantidad respetable, no tan alto como el de Membrilla que ascendía a nueve mil quinientos maravedíes, pero muy superior a los novecientos de Alhambra7 .


La venta de sepulturas en el interior de la iglesia era otra fuente de ingresos, ante el deseo de los vecinos de la villa de ser enterrados en un edificio sagrado, aportando a sus ingresos en 1498 la cantidad de doscientos ocho maravedíes. El precio por sepultura oscilaba según el lugar donde se abriera, y así en 1493 en Villarrubia iba desde los 25 maravedíes en los pies de la iglesia, 50 en el centro y hasta los 100 si se abría en el coro o próxima al altar8 , debiendo ser las tasas de La Solana muy similares. Otros ingresos menores los conseguía con donaciones y limosnas de los fieles: doscientos veinte maravedíes por la venta de un cuero vacuno, cincuenta y nueve por la venta de "cierto vino", otros cien del producto de la viña antes citada y treinta y uno por el alquiler de una tinaja de la iglesia.
Los gastos de la iglesia ascendieron en 1498 a treinta y seis mil ciento sesenta y ocho maravedíes, de los cuales treinta mil se gastaron en la obra de la misma, siendo entregados a Juan Pardo, mayordomo de obras, mientras que el resto, seis mil ciento sesenta y ocho maravedíes9 se gastaron "en azeite e cera e otros cosas por menudo", gastos que se centraban sobre todo en la iluminación de la iglesia, quedando un alcance o remanente de ocho mil ciento setenta y dos maravedíes . Podemos observar como las cuentas de la iglesia que hasta este momento se habían mantenido bajo control y con beneficios, creciendo un 50% en sólo tres años, se iban desestabilizando a consecuencia de las obras que se estaban llevando a cabo, habiéndose reducido el alcance a una cuarta parte, en poco más de un año.


Las cuentas del mayordomo de obra, Juan Pardo, nos muestran de donde se sacaba el dinero para la remodelación de la iglesia, así a los treinta mil maravedíes entregados por el mayordomo Juan López, se suman otros veintisiete mil ciento cincuenta y seis maravedíes "que mostro aver rescibido por la dicha iglesia de ciertas mandas en los cuales estan syete mil e setecientos e treinta maravedíes que rescibio de Juan de Alcaraz" para una capilla que se estaba haciendo en la iglesia y otros once mil doscientos cinco maravedíes que recibió "de ciertas tierras de la dicha yglesia e que dio al concejo e que se vendieron para hazer la dicha capilla"10 . Por tanto al dinero que aporta la iglesia se suman el dinero conseguido por la venta de tierras por el concejo y donaciones de vecinos de la villa, algunas de ellas muy cuantiosas, como hemos podido ver. Al final se disponía de cincuenta y siete mil ciento cuarenta y seis maravedíes para la realización de las obras, una cantidad más que respetable.


Este dinero se gastó de la siguiente manera: cuarenta y dos mil cuatro maravedíes y medio se pagaron a "Aliseda cantero que haze la dicha capilla en cuenta de lo que le tiene que dar por la hechura", cantidad en la que se incluiría el gasto de la mano de obra del maestro, de los oficiales y peones que trabajaran con él, y once mil seiscientos cincuenta y nueve maravedíes que se gastaron en "materiales como de otras cosas para la dicha obra", sobrando solamente quinientos diecisiete maravedíes del dinero entregado, ordenando los visitadores que acaben la capilla que se está construyendo "de la forma que va lo mas pronto que pudiere"11Al año siguiente, el 7 de mayo de 1499, al tomarle cuenta los visitadores el mayordomo de la obra declara haber gastado ese año veintisiete mil quinientos setenta y seis maravedíes, en la obra12 .
Observamos por tanto que en los últimos años del siglo, la obra de la iglesia estaba absorbiendo los ingresos de ésta, además de importantes donaciones y legados testamentarios dados por los vecinos de la villa, suponiendo un desequilibrio presupuestario a las saneadas cuentas de la iglesia, que hasta pocos años antes, acumulaban una cantidad importante de maravedíes
.

--- ------------------------

 

Notas



1.Concejo es el nombre que recibían los ayuntamientos en la Edad Media y primeros momentos de la Edad Moderna y podían ser "abiertos", en los que todos los vecinos tenían el derecho de asistir a las asambleas o "restringidos" que estaban integrados por un reducido número de personas, los regidores y oficiales del municipio.
2.El maravedí es la unidad básica de cuenta en la Baja Edad Media y en los siglos XVI y XVII. Un real equivalía a 34 maravedíes y un ducado a 375. Para hacernos una idea de su valor, en 1494 un cordero costaba 65 maravedíes, una arroba de aceite 100 y una fanega de trigo entre 70 y 124.
3.ARCHIVO HISTÓRICO NACIONAL (AHN). Sección Ordenes Militares. Santiago. Libro 1067C. Visita de 1494, pág. 645.
4. Los diezmos eran un impuesto sobre el 10% de los productos agropecuarios, y suponía una importante fuente de ingresos para la iglesia, sin embargo al tener que pagar parte de los derechos a los señores y reyes, además de las cantidades que se reservaban los obispados y cabildos, hacía que las cantidades que quedaban a las parroquias no fueran muy importantes, y sin embargo era una pesada carga para los agricultores y ganaderos.
5.AHN. Sección Ordenes Militares. Santiago. Libro 1068C. Visita de 1498, pp. 397, 399 y 400.
6.Ibídem, pág. 397 y 398.
7. MOLINA CHAMIZO, Pilar: Iglesias parroquiales del Campo de Montiel (1243-1515). Biblioteca de Autores Manchegos. Ciudad Real, 1994, pág. 61.
8.TORRES JIMÉNEZ, María Raquel: Religiosidad popular en el Campo de Calatrava. Cofradías y hospitales al final de la Edad Media. Instituto de Estudios Manchegos. Ciudad Real, 1989, pág. 108.
9.AHN. Sección Ordenes Militares. Santiago. Libro 1068C. Visita de 1498, pp. 397 y 398.
10.Ibídem, pp. 398 y 399.
11. Ibídem, pág. 399.
12. AHN. Sección Ordenes Militares. Santiago. Libro 1070C. Visita de 1499, pág. 273.
.
.