Historia

 

CAPITULO IX

 

LAS MARCAS DE CANTERO EN LA IGLESIA DE SANTA CATALINA

Las marcas de cantero o signos lapidarios son unas figuras o letras que los maestros canteros tallaban y esculpían en las piedras de las obras arquitectónicas que realizaban. Aunque su origen es muy antiguo y aparecen de forma esporádica en monumentos mesopotámicos, egipcios, romanos y bizantinos, será en la arquitectura religiosa occidental cuando se produzca una auténtica eclosión y alcancen el número y la importancia suficiente para ser tenidas en cuenta, como un elemento importante de dichas construcciones. Los arquitectos y maestros canteros del románico y gótico generalizarán su utilización, que se empezará a desarrollar a finales del siglo X, perviviendo en las edificaciones religiosas (catedrales e iglesias) hasta muy avanzado el siglo XVI, aunque sin embargo pasaron desapercibidas para los historiadores del arte y los restauradores hasta el año 1836, en el que el arqueólogo Adolphe Napoleón Didrón llamó la atención sobre ellas.


Desde entonces han surgido varias teorías sobre el origen y la importancia de dichas marcas, intentando descubrir a través de ellas la nacionalidad, escuela, situación social, religión, época y otras muchas características de sus autores, aunque las cinco principales fueron expuestas por Vicente Lampérez en su obra(1), de las cuales tres no tienen una verdadera base, mientras que las dos restantes son en realidad complementarias y aceptadas por la mayoría de autores.


La primera de las teorías le dan a las marcas de cantero un origen mágico y esotérico, buscando su procedencia en signos mágicos caldeos y celtas, relacionando a los constructores medievales con los del Templo de Salomón, y metiendo en el mismo saco a los alquimistas, las logias masónicas y los templarios, que siempre dan mucho juego en estas teorías, basadas más en fantasías esotéricas y ciencias denominadas "ocultas", que en un verdadero rigor científico. Otra de las teorías descartadas es que dichas marcas servían para el ajuste de las piedras, lo cual no puede ser cierto teniendo en cuenta que las marcas no coinciden, ni siguen un orden correlativo y cuando existen unas marcas de asiento son independientes de las de cantero y finalmente está la que las sitúa como la marca de un donante de la obra, que quiere de esa forma dejar claro su participación en la construcción de dicho edificio(2), aunque esta teoría también ha sido desechada.


La teoría más aceptada por la inmensa mayoría de los estudiosos, es que las marcas de cantero se utilizaban por los maestros para marcar la parte de la obra realizada por ellos y de esta forma facilitar el cobro de su trabajo. Esta teoría fue elaborada por el ya citado Didrón y por el gran restaurador de las catedrales francesas Eugene Enmanuel Viollet-le-Duc en la segunda mitad del siglo XIX. En 1923 el arqueólogo J.A. Brutails, demostró que la mayoría de las obras realizadas en la Edad Medía eran hechas por el sistema de destajo, lo que hacía necesario que los obreros y maestros canteros marcaran la parte de la obra realizada por ellos(3), hecho que ha sido documentado en España por Vicente Lampérez. Otra teoría que no contradice la anterior sino que la complementa nos indica que los signos lapidarios son la firma particular de cada maestro, y que generalmente tiene alguna relación con ellos, como puede ser la inicial de su nombre o un símbolo de su situación laboral o profesional(4). Esta teoría es muy admitida y habría que destacar que la inmensa mayoría de las marcas románicas estudiadas por Oursel son en realidad letras del abecedario que podrían corresponder con las iniciales de los autores. En el gótico será cuando estos signos alcancen mayor complejidad.


En la iglesia de Santa Catalina de La Solana encontramos numerosas marcas lapidarias, apareciendo recientemente cuatro microcosmos o tableros de tres en raya en la pared situada al lado del vano que da acceso a la subida de escaleras de caracol que apareció en las obras de restauración de 1998, y que no parecen tener relación con el resto. Dichos signos fueron analizados por el arquitecto técnico Luis Francisco Cercós, que hace todo lo posible por intentar datarlos en el siglo XII, para reforzar la teoría de que la iglesia de Santa Catalina se había construido sobre un castillo árabe en 1185, teoría que por otro lado ya ha sido claramente refutada en las obras de José Vicente Matellanes Merchán (5)y de Francisco Javier Escudero Buendía(6). Para ello busca la similitud entre las marcas aparecidas y otras del siglo XII que se encuentra en la catedral de León, sin embargo obvia las principales conclusiones de Lampérez, que nos indica y citamos textualmente: "Los signos lapidarios de monumentos españoles no sirven para clasificar las épocas de construcción, puesto que los hay iguales en edificios de edad diferente", "son más complicados los signos conforme el monumento es más antiguo, y abundan los curvos en éstos y los rectos en los modernos" (la figura pitagórica o tres en raya aparecida en la iglesia es de trazos rectos) y además nos indica que hay signos iguales en localidades muy distantes y en escuelas arquitectónicas diferentes, con lo no se puede datar la marca aparecida solamente por su similitud con otra(7). Además nos indica Cercós que dichas marcas deben ser de origen militar por sus trazos brutales y caprichosos, sin embargo no cita que también se indica que las marcas geométricas, como es la que apareció, son propias de edificios religiosos.


Entonces nos podríamos preguntar ¿para qué sirven las marcas de cantero?. La respuesta la encontramos en los excelentes trabajos realizados por Robert Will en la región alsaciana o por Raymond Oursel en cinco iglesias románicas de la Auvernia clermontesa (Notre-Dame du Port en Clermont, San Austremonio de Isooire, Notre-Dame de Orcival, San Saturnino y San Nectario(8)), en los cuales descubren el número de canteros que trabajaron en cada una de ellas, la parte de iglesia que realiza cada cantero y asimismo realizan un estudio comparativo sobre la actuación de un maestro cantero en varias iglesias de una misma comarca, todo ello reforzado por un estudio documental.
Las marcas conservadas en la iglesia de Santa Catalina se encuentran en los elementos arquitectónicos realizados a base de piedra labrada (contrafuertes, primitivas esquinas, capilla de los Salazar).

Hay unas marcas que aparecen tanto en la magnífica portada de los Salazar, como en los contrafuertes de la cabecera y de los pies, apareciendo al menos tres veces en la portada de la capilla, y que se corresponden con la letra A, que se representa de tres formas distintas:


Estas marcas corresponderían a un maestro cantero que supervisaría todas las obras y cuyo trabajo se centraría en la portada de la capilla de los Salazar, y que no desmerece con muchas portadas exteriores de iglesias. La visita de 1498 nos indica que se le pagan cuarenta y dos mil cuatro maravedíes y medio al cantero Aliseda en cuenta de lo que se le debe dar por hacer una capilla(9). Si relacionamos la importante cantidad pagada y la letra A que aparece en la portada de la capilla podríamos afirmar se comenzó a construir en el último lustro del siglo XV, y al observar que dicha marca también aparece en los contrafuertes de la iglesia podríamos corroborar que dicho maestro Aliseda supervisaría la construcción del cuerpo de la iglesia de Santa Catalina realizado a caballo entre los siglos XV y XVI. Por otro lado al comparar estas marcas con las que hay en la puerta norte de la iglesia de Santiago el Mayor de Membrilla (similares a las de Santa Catalina), donde también está documentada la participación del maestro Aliseda(10), no dejaría lugar a dudas de que dicho maestro realizó ambas obras y firmaba con dicha marca.
En la capilla de los Salazar trabajaron junto al maestro Aliseda al menos otros tres canteros, cuyas marcas no aparecen en los contrafuertes de la iglesia. Si tenemos en cuenta la belleza y complejidad de la portada de dicha capilla, así como la traza de las marcas, que veremos a continuación, más complejas y finamente realizadas, podríamos afirmar que dicho trabajo fue realizado por canteros más especializados que los que trabajaron en los contrafuertes. Las marcas de los tres canteros que trabajaron junto a Aliseda en la capilla de los Salazar son las siguientes
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Si nos centramos en los contrafuertes vemos como en cada uno de ellos encontramos una marca que predomina y que aparece de forma muy asidua, mientras que hay otra u otras menos numerosas, lo que nos parece indicar que hay un maestro cantero que realiza la construcción de cada contrafuerte y la zona próxima a él, siendo auxiliado por otros oficiales. A continuación expondremos el resto de marcas encontradas y el lugar donde aparecen, situando en primera posición la marca más predominante.

Contrafuertes de la cabecera:

Contrafuertes de la portada sur:

Contrafuertes de los pies (fachada norte):


Contrafuerte de la portada norte (lado derecho)


Contrafuerte de la portada norte (lado izquierdo, galería):

Encontramos además otra marca muy abundante y que aparece en numerosos contrafuertes, aunque no predomina en ninguno de ellos, por lo que podría corresponder a un obrero que ayudaría a los demás según las necesidades que fueran surgiendo, y cuya marca es un simple círculo:


Como conclusiones podemos indicar que las marcas de la iglesia de Santa Catalina, si exceptuamos la aparecida en las proximidades de la subida de escaleras que sería anterior, se podrían datar en los últimos años del siglo XV y comienzos del XVI y serían realizadas por los obreros que trabajaron en ella. En las obras trabajarían al menos una docena de canteros y otros cuatro en la portada de la capilla de los Salazar, siendo dirigidas las obras por el maestro cantero Aliseda, que también trabajó en otras localidades del campo de Montiel, como Membrilla o Alcubillas. En cada parte de la obra habría un maestro que llevaría el mayor peso, siendo auxiliados por otros, constatando que algunos canteros trabajaron en distintos puntos de la iglesia.


NOTAS.

1 LAMPÉREZ Y ROMERA, Vicente: Historia de la arquitectura cristiana española en la Edad Media. Ediciones Ámbito. Junta de Castilla y León. Valladolid, 1999, pp. 47-54.
2 Ibídem, pp. 49, 50 y 51.
3 OURSEL, Raymond: La arquitectura románica. Ediciones Encuentro. Madrid, 1987, pág. 188.
4 LAMPÉREZ Y ROMERA, Vicente: Op. cit., pág. 51.
5 MATELLANES MERCHÁN, José Vicente: La Orden de Santiago y la organización social de la Transierra castellano-leonesa (ss. XII-XIV). Universidad Complutense de Madrid. Cuadernos de Historia Medieval. Madrid, 1999, pp. 112 y ss.
6 ESCUDERO BUENDÍA, Francisco Javier: La iglesia de Santa Catalina de La Solana, siglos XII-XV. Ediciones Soubriet, Tomelloso. En prensa. Ha sacado un artículo con un avance de su estudio, titulado "Santa Catalina de La Solana: Aproximación a su origen".
7 LAMPÉREZ Y ROMERA, Vicente: Op. cit., pp. 53 y 54.
8 OURSEL, Raymond: Op. cit., pp. 189 y ss.
9 ARCHIVO HISTÓRICO NACIONAL (AHN). Sección Ordenes Militares. Santiago. Libro 1068C. Visita de 1498, pág. 399.
10 MOLINA CHAMIZO, Pilar: Iglesias parroquiales del Campo de Montiel (1243-1515). Biblioteca de Autores Manchegos. Ciudad Real, 1994, pp. 117, 118 y 11
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