Historia

CAPITULO XV

LA IGLESIA DE SANTA CATALINA EN LOS AÑOS VEINTE DEL SIGLO XVI (1520-1530)

L En este capítulo nos vamos a centrar en el funcionamiento de la parroquia de Santa Catalina durante la década de los años veinte, para estudiar en el siguiente las obras que se están realizando en ella.

La iglesia cuenta con dos estatuas de su patrona Santa Catalina que son descritas de la siguiente manera: "dos ymagenes de nuestra señora Santa Catalina con un sayuelo de paño negro, una camisa e una saya amarilla". Las obras han provocado que el Santísimo Sacramento se haya desplazado desde el sagrario existente en el altar mayor hasta la capilla de Juan de Castro estando en "un retablo como chapitel dorado"(1) , siendo una medida temporal, pues en la siguiente visita de 1535 se encuentra de nuevo en su lugar habitual.
El sacerdote seguía siendo Juan Campuzano, aunque sin embargo el mayor número de habitantes y el aumento de actividades en la iglesia había hecho necesario que el cura fuera descargado de algunas de sus funciones y así aunque en 1515 se encuentra entre ellas ser "capellán de ánimas", en esta década es nombrado un capellán para realizar dichas funciones.

El primer capellán de las ánimas del que tenemos conocimiento es Alonso Gracia, clérigo de la Orden de San Pedro (secular), que es nombrado para dicho cargo el 12 de diciembre de 1520, encontrándose presente en la villa. Como vemos se nombra a un clérigo de inferior categoría para desarrollar dicho puesto, ya que mientras el cura de la parroquia es freyle de la Orden de Santiago, el nuevo cargo es ocupado por un clérigo secular que poseían menor formación que los de la Orden de Santiago. En junio de 1522 se decide que dicho cargo sea nombrado para un año, siendo el 12 de dicho mes Juan de Moguín quien rinde cuentas de los gastos, ocupando por tanto dicho puesto(2) . Aunque indican que se debería renovar anualmente, todos los clérigos que lo ejercieron estuvieron al menos año y medio en el cargo, ante la necesidad de encontrar un sustituto adecuado para relevarlos.

El próximo clérigo que ocupa el cargo es el bachiller Pedro Hernández de Castro, nombrado el 24 de octubre de 1525 por el ayuntamiento de La Solana, dirigido por los alcaldes Alonso Gómez Serrano y Francisco García, y los regidores Lope Díaz y Pero (Pedro) Díaz de Martín. La capellanía estaba dotada con siete mil maravedíes que se pagan en tres plazos cada cuatro meses, teniendo además una casa que se encontraba en la plaza, al lado de la casa del peso, debiendo el concejo entregar cama "con su colchon e savanas y almohadas y mantas" a la persona que desempeñara dicho puesto. El clérigo elegido debía encontrarse en la villa en el momento de ser elegido, lo que ocurre en todos los casos, estando obligado a decir "misa que la requieran en la yglesia desta dicha villa todos los dias del dicho año que no fueren dias feriados e fiestas que sean de guardar y todos los otros dias a de dezir misa por las anymas del purgatorio sin dezir por otra persona alguna". Los alcaldes y regidores de la villa se obligan con sus personas y bienes junto con los bienes propios y rentas del concejo a cumplir el asiento (contrato) acordado, mientras que los capellanes de ánimas se obligan a decir las misas por las ánimas los días del año señalados, no debiendo decir ninguna misa distinta, por tanto deben tener plena dedicación a sus funciones y no cobrar por ellas ni por ninguna otra(3) . El 7 de marzo de 1527 es nombrado nuevo capellán de ánimas el clérigo de la Orden de San Pedro Lope González, con las mismas condiciones que los anteriores, especificándole que las misas que diga deben ser de réquiem. En abril de 1530 se encuentra la capellanía vacante por lo que se pide que se nombre capellán de ánimas "entre las buenas gentes"(4) .

Documento de 1527 del Archivo Municipal de La Solana sobre el capellán de ánimas

Pero nos podríamos hacer una pregunta. ¿De donde salían los siete mil maravedíes que el concejo pagaba al capellán de ánimas?. Es el concejo quien nombra a los clérigos para dicho puesto y quien entrega el dinero, pero en una disposición de dicho concejo (ayuntamiento) descubrimos su procedencia. El 12 de marzo de 1531 los alcaldes Francisco Gonçalez y Francisco Ruiz, los regidores Mingo Alonso, Juan Díaz y Alonso Gómez, junto con el síndico Alonso Díaz Orejón y los diputados "platicaron sobre razon del capellan de las anymas del purgatorio y dijeron que el bacin de las dichas animas no bastava ni rendia para pagar al dicho capellan", por lo que decidieron que los alcaldes y regidores pongan a dos personas "bacinadoras" para que pasen el bacín por todo el pueblo "en el tiempo que se cogiese pan" para poder pagar de esta forma al capellán, mandando que se le entregara la cantidad de siete mil quinientos maravedíes(5) . Con ello observamos cómo se le ha subido la asignación en quinientos maravedíes, lo que supone un aumento de algo más de un 7%, necesario pues se había mantenido inalterable desde hacía más de diez años, y lo más importante es que nos indica que la cantidad dedicada a pagar al capellán de ánimas es recaudada mediante el bacín, que ya habíamos explicado en un capítulo anterior en que consistía, lo cual es corroborado al observar en la visita de 1525 las posesiones de fábrica de la iglesia: el dezmero excusado, las luminarias, las sepulturas y las tierras, sin nombrarse el bacín que había sido excluido para cumplir la función que indicamos, y el ayuntamiento se encargaba de su administración para recaudar el dinero necesario. La gente que deseaba decir una misa por las ánimas de sus familiares y allegados dejarían una limosna en el bacín y con lo recaudado se pagaba al capellán. Sin embargo a finales de la década debido a la crisis agraria no se recaudaría lo suficiente, por lo que el ayuntamiento encargó se pida justo en el momento en que los vecinos dispongan de mayores ingresos, cuando se realiza la cosecha.

Entre los ingresos de la iglesia podemos destacar cómo el dezmero excusado de 1525 asciende a siete mil cuatrocientos maravedíes, con lo que observamos que tras el fuerte crecimiento económico de la década pasada la situación se ha estabilizado. El excusado se ha arrendado a Andrés de la Mesta, que lo pagará en tres plazos: el primero en mayo, el siguiente en San Miguel (septiembre) y el último en Navidad (6).

Otro ingreso importante corresponde a las luminarias. Las luminarias son el conjunto de antorchas, hachas o lámparas con las que se alumbraba la iglesia, y que numerosas veces se colocaban como señal de fiesta, de algún acto o de regocijo público. Estas luces permitían alumbrar la iglesia durante las ceremonias litúrgicas o en los funerales, o bien alumbraban permanentemente alguna zona especial de la iglesia. En la iglesia de Santa Catalina algunos vecinos pagaban estas luminarias o "lumbrarias" como parte de un ofrecimiento o una devoción especial. Así en las cuentas de la iglesia tomadas en julio de 1525 vemos como Juan Calero ha pagado once reales (374 maravedíes) por la "lumbraria del Corpus" y Cristóbal Díaz otros once por otra luminaria, quedando pendientes de pago trescientos veinte maravedíes que entregará Juan Blasco Herrero por la "lumbraria" de la obra, que sería para iluminar la zona donde se desarrollaban las obras de la iglesia, mientras que Cristóbal Díaz dará otros dos mil ochocientos maravedíes de la lumbraria de Nuestra Señora, que completaría el pago de los 374 que había dado con anterioridad, mientras que Alonso Gómez Guerra pagará dos mil trescientos maravedíes de la luminaria de la lámpara del Corpus. En total vemos como el pago de las luminarias suponen a la iglesia de Santa Catalina unos ingresos de seis mil ciento sesenta y ocho maravedíes(7) .


Entre las luminarias observamos como el Corpus tiene la suya propia, lo que es una muestra de que hay una fiesta que va tomando fuerza en estos momentos, el Corpus Christi. Entre los libros de la iglesia hay un cuaderno "de la fiesta de Corpus", y entre las cosas de madera encontramos "unas andas para el sacramento", que serían utilizadas para sacar el Sacramento de la Comunión en procesión, bien durante la fiesta o para dárselo a los enfermos(8) .

La fiesta del Corpus Christi (Cuerpo de Cristo) tiene su origen en el siglo XIII, en un hecho milagroso ocurrido a la religiosa Santa Juliana de Mont-Cornillón, priora de la abadía de Cornillón, situada en las proximidades de Lieja, y que tuvo una visión mediante la que se pedía dar mayor culto a la Eucaristía y en la que la Iglesia aparecía bajo la apariencia de una luna llena con una mancha negra, siendo esta mancha negra la poca importancia que se le estaba dando al sacramento de la Eucaristía. Juliana comunicó la aparición al obispo de Lieja, Roberto de Thorete, que convocó un sínodo en 1246 y ordenó la celebración de la fiesta a partir de ese año, pero lo que le dio un carácter universal fue el hecho de que el archidiácono de Lieja, Jacques Pantaleón, muy favorable a dicha fiesta, fuera elegido Papa bajo el nombre de Urbano IV. Este hecho unido a otro suceso milagroso ocurrido en la ciudad italiana de Bolsena, como fue la emanación de sangre de la Sagrada Forma, llevó a Urbano IV a promulgar la Bula "Transiturum de Hoc Mundo" el 8 de septiembre de 1264 por la que declaraba el Corpus Christi fiesta universal. La muerte del Papa un mes más tarde retrasó la universalización de la fiesta, hasta que Clemente V en el concilio de Viena del año 1311, vuelve a insistir en su importancia. A partir de entonces se utilizará la campanilla durante la elevación de la Eucaristía en la misa, se expondrá y bendecirá el Santísimo Sacramento, que como hemos visto en capítulos anteriores ocupa un lugar preeminente en nuestra iglesia y la fiesta del Corpus se extenderá rápidamente por toda Europa, generalizándose en España desde el siglo XIV, apareciendo muy pronto la procesión como uno de los elementos importantes de la celebración.

Otro detalle que nos muestra la importancia que se le daba en La Solana al sacramento de la Eucaristía lo encontramos en las órdenes dadas por los alcaldes de la villa, Alonso Gómez Serrano y Francisco González, el 25 de marzo de 1526, por las que ante la costumbre que tienen muchos vecinos de la villa "de yr a la yglesia perrochial desta villa llevando tocas arrebocadas en las cabezas y a recibir el Santo Sacramento", lo cual es considerado irreverente mandan que de "de aquí en adelante no vaya ninguna persona con las dichas tocas a la yglesia dia de fiesta ni a recibir el sacramento otro dia alguno", pudiendo solamente utilizar las tocas cuando vayan a misa un día que no sea festivo siempre y cuando no reciban el Sacramento(9) .

Ya hemos visto algunos de los ingresos de la iglesia, como las luminarias o el dezmero, siendo estos junto a las tierras los más importantes que manejarán los mayordomos. El mayordomo de la iglesia durante los años 1520 y 1521 fue Alonso Guerra, ocupando posteriormente el cargo Juan Díaz que en febrero de 1525 entregó a su sucesor Juan González Alvo treinta y tres mil ciento dieciocho maravedíes que tuvo de superávit, junto con trece fanegas y tres celemines de trigo y ciento sesenta y cinco fanegas de cebada, por lo que las cuentas de la iglesia se encontraban bastante saneadas. Del grano entregado se descontaron nueve fanegas "que se restituyeron a Francisco Gonçales de un agravio que avia rescibido en un arrendamiento" y dos fanegas que se entregaron al mayordomo saliente como parte del pago de sus servicios. De las ciento cincuenta y seis fanegas de cebada que quedaron, se vendieron en un primer momento cuarenta y siete, a ochenta maravedíes cada una y las ciento siete restantes, poco después al precio de tres reales (102 maravedíes), con lo que observamos el fuerte aumento experimentado por el precio en un corto espacio de tiempo. Las trece fanegas y tres celemines de trigo se vendieron por un precio total de mil ochocientos cuarenta y cuatro maravedíes y medio, lo que suponía un precio aproximado de 139 maravedíes por fanega. En total la venta del grano le supuso a la iglesia unos ingresos de dieciséis mil quinientos dieciocho maravedíes y medio. Además del grano vendido, todavía quedan por cobrar del arrendamiento de las tierras en el año 1525 quince fanegas y un celemín de trigo, y otras sesenta y tres fanegas y un celemín de cebada. Además en el libro de la iglesia se encuentra la memoria de los arrendamientos de las tierras para el año 1526 y que ascendían a noventa y tres fanegas de cebadas y otras catorce fanegas y media de trigo(10) . Las tierras de la iglesia producían entre un 12 y un 13,5% de trigo y el resto de cebada.

El grano de la iglesia era utilizado a veces como reserva estratégica en años de sequía, ya que aunque el primer pósito se había creado el año 1478 en Molina de Aragón, hasta la recomendación de la Cortes de Valladolid en 1555 de que se establecieran en todas las ciudades castellanas, no se había generalizado su creación, y no será hasta la segunda mitad del siglo XVI cuando se establezcan en la mayoría de las poblaciones manchegas pasando a cumplir su función de reserva de grano para solucionar los períodos de escasez y hambre. Mientras tanto cuando se producía un período de sequía se recurría al grano de la iglesia, como el que tuvo lugar en La Solana el año 1530, lo que provocó que en abril de dicho año los alcaldes Alonso González y Pero Martínez "por la nezesidad que la villa tiene de pan al presente" mandan que los oficiales del concejo vayan a la iglesia y con el grano que en ella hay "manden hazer pan". De nuevo el 17 de julio cuando todavía falta un mes para realizar la cosecha y la necesidad de cereales aumenta para los "necesitados y pobres vecinos desta villa y las personas que pasan por la dicha villa este dicho año", los miembros del ayuntamiento entregan cinco mil maravedíes a los oficiales para que compren grano "a lo que fuere justo" al mayordomo de la iglesia(11) . Esta obligación del concejo de facilitar pan a un precio razonable a los vecinos pobres y a los pasajeros (personas de paso por la villa) se mantendrá durante todo el siglo XVI y XVII utilizando para ello el grano del pósito cuando se cree éste, siendo una práctica generalizada en todos los pueblos castellanos, como se puede ver en los estudios realizados sobre pósitos(12) . Los años de escasez provocarán una fuerte subida en el precio de los cereales, y así vemos como en noviembre de 1530, el precio de la fanega de trigo alcanza los 250 maravedíes, siendo el precio de la libra de pan de 3 maravedíes, produciendo cada fanega de trigo unas 83 libras de pan aproximadamente.

Otros ingresos de la iglesia son las sepulturas y así vemos en las cuentas de 1525, como Mari López y Martín Andrés entregan dieciséis reales (544 maravedíes) por dos sepulturas(13) , y no hay que olvidar las donaciones como la realizada por Mateo Rodríguez de Vega que dejó sus bienes a la iglesia y al hospital de la villa, aunque su mujer mantuvo el derecho de uso hasta su muerte. Al ocurrir ésta el concejo de la villa ordena a los oficiales que "pongan dos personas abiles… que hagan partiçion y division de los bienes que dejo Mari Hernandez muger que fue de Mateo Rodrigues de Vega" y que al enviudar volvió a casarse con Hernando Gracia, vecino de Alhambra, por lo que es necesario deslindar los bienes que corresponden a cada uno, para de esta forma entregar los que dejó Mateo Rodríguez en su testamento a la iglesia de Santa Catalina y al hospital (14). Finalmente encontramos otro ingreso de setecientos cuarenta maravedíes "que se cobro de un avertura del campo en março", que se cobrarían por derechos de roturación de alguna de las tierras de la iglesia.

Las cuentas presentadas en julio de 1525 por el mayordomo Juan Gonçales Alvo suponen unos ingresos de cincuenta y un mil seiscientos sesenta y ocho maravedíes, gastando doce mil doscientos setenta y cuatro maravedíes, de ellos cinco mil novecientos quince pagados al cantero Francisco Luna y el resto en ripia y cera "e con otros maravedíes que pago de teja e de otros gastos por la dicha yglesia según mostro por un quaderno de gasto en dos hojas", quedando un alcance de treinta y nueve mil trescientos noventa y cuatro maravedíes, a lo que habría que sumar los pagos que había pendientes de cobrar y que ascendían a casi trece mil maravedíes, más quince fanegas y un celemín de trigo y otras sesenta y tres fanegas y un celemín de cebada(15) .



NOTAS.

1.ARCHIVO HISTÓRICO NACIONAL (AHN). Sección Ordenes Militares. Santiago. Libro 1080C. Visita de 1525, pp. 481 y 483.
2.ARCHIVO HISTÓRICO MUNICIPAL DE LA SOLANA (AHMLS). Signatura 1524. Libro de acuerdos del Ayuntamiento de La Solana 1520-1531. Acuerdos de 12 de diciembre de 1520 y 9 de junio de 1522.
3.Ibídem. Acuerdos de 24 de octubre de 1525.
4.Ibídem. Acuerdos de 7 de marzo de 1527 y 24 de abril de 1530.
5.Ibídem. Acuerdos de 12 de marzo de 1531.
6.AHN. Sección Ordenes Militares. Santiago. Libro 1080C. Visita de 1525, pág. 484.
7.Ibídem, pp. 484 y 485.
8.Ibídem, pp. 482 y 483.
9.AHMLS. Signatura 1524. Libro de acuerdos del Ayuntamiento de La Solana 1520-1531. Acuerdos de 25 de marzo de 1526.
10.AHN. Sección Ordenes Militares. Santiago. Libro 1080C. Visita de 1525, pp. 484 y 485.
11.AHMLS. Signatura 1524. Libro de acuerdos del Ayuntamiento de La Solana 1520-1531. Acuerdos de 24 de abril y 17 de julio de 1530.
12.Los pósitos son instituciones de carácter municipal o particular que hacían acopio de grano en los edificios de igual nombre, para tener una reserva de cereales en períodos de sequía o escasez. Entre sus funciones podemos destacar: el préstamo de grano a los agricultores para la siembra que sería devuelto al efectuarse la cosecha, la entrega de trigo a los panaderos para que hicieran pan para pobres y pasajeros vendiéndose a un precio subvencionado y fijado por el ayuntamiento, e incluso el crédito agrícola (préstamo de dinero) y la financiación de algunas obras públicas. Entre los trabajos sobre los pósitos de nuestra zona se encuentran los realizados por José Antonio Moreno Nieves (Pósitos Píos y Pósito Real en Villarrobledo en el siglo XVIII: Beneficencia y Crédito Agrícola) en el I Congreso de Historia de Castilla La Mancha o el de Concepción Moya García y Carlos Fernández-Pacheco (Los Pósitos de Alcázar de San Juan en el siglo XVII) en el II Congreso Internacional de la Orden de San Juan.
13.AHN. Sección Ordenes Militares. Santiago. Libro 1080C. Visita de 1525, pág. 484.
14.AHMLS. Signatura 1524. Libro de acuerdos del Ayuntamiento de La Solana 1520-1531. Acuerdos de 20 de noviembre de 1530.
15.AHN. Sección Ordenes Militares. Santiago. Libro 1080C. Visita de 1525, pp. 484 y 485.