Misiones

 

 

DÍA DEL MISIONERO DIOCESANO

 

"DÍA A DÍA"

 

 

 

Presentación PowerPoint (descargar)

 

Damián Díaz, Delegado Diocesano de Misiones

Cada cierto tiempo, nos sobresalta la noticia de una catástrofe natural: tifones en el Indico, huracanes en el Caribe, la erupción de un volcán, terremotos, un tsunami… Algunas de ellas, sobre todo cuando ocurren en el Sur, y tienen cierta envergadura, acarrean consecuencias desastrosas para zonas geográficas o países enteros. Todavía no se nos ha borrado de la memoria el tsunami del año 2.004, y el pasado mes de enero nos golpeaba la desgracia del terremoto de Haití.

En estos casos, la sociedad mundial se moviliza: los gobiernos envían ayuda de urgencia en forma de agua potable, alimentos, medicinas, mantas, tiendas de campaña… Las ONGs envían grupos de voluntarios o profesionales para socorrer a los damnificados: desde bomberos que buscan supervivientes sepultados entre los escombros, hasta médicos para atender a los heridos. Y los que tenemos que quedarnos viendo las noticias por la televisión, organizamos maratones, colectas, damos nuestro donativo, y nos solidarizamos con la desgracia de aquella pobre gente como podemos.

Unas semanas después, empiezan los voluntarios a regresar: los primeros, quizá, los bomberos, pasado el plazo razonable de encontrar vida debajo de las ruinas; más tarde, poco a poco, el resto de los grupos que han prestado un servicio primario o de urgencia. Y hasta la sociedad irá olvidando aquella desgracia, solicitada su atención por problemas de más actualidad o cercanía.

Un ejemplo o paradigma, me lo parecía la entrevista que, a eso de un mes del terremoto de Haití, realizaban a una voluntaria de una ONG internacional, y que manifestaba que el trabajo realizado había resultado una experiencia durísima, aunque gratificante, pero que ahora necesitaba regresar a su medio social, para rehacerse del drama que había vivido, y volver a sus ocupaciones habituales sin traumatizarse de por vida.

Muchos echamos de menos, en estos casos, algunas cosas:

En primer lugar, una reflexión sobre las causas que han originado que determinada catástrofe alcance tal magnitud de daños en la población. Porque son muchos los que opinan que lo de Haití era previsible, y que la desgracia ha estado precedida por una prolongada ignorancia del mundo mundial acerca de la explotación y de la consecuente desestructuración de un país, que se conocía era el más pobre del continente americano. Sería necesario, por tanto, no dejarnos llevar sólo por las emociones y los sentimientos cuando ocurre un desastre, sino hacer un continuo análisis y lectura cristiana de la realidad internacional, que nos llevase a promover verdaderos y profundos cambios, a todos los niveles, que devuelvan la dignidad a pueblos enteros, al tiempo que les hace menos vulnerables a las catástrofes naturales.

Y, en segundo lugar, también hemos echado mucho de menos, en los Medios de Comunicación, las referencias, las entrevistas y los testimonios de los misioneros. ¡Qué curioso! Parece como que no hubieran existido. Cuando resulta que los misioneros estaban allí antes del fenómeno natural: Acompañando a la población, aliviando sus miserias, elevando su esperanza, promoviendo su dignidad… Han estado presentes durante los primeros auxilios necesitados por los afectados, y de un modo más eficaz, además, porque ellos conocen el idioma, saben cómo socorrer, peligros a evitar, etc. Y continuarán allí después, cuando todos los demás hayan regresado, porque su opción es por vida, porque a ellos no los ha movido la emoción o el sentimiento primero, sino el amor de Dios, del que han sido, son y serán testigos, DIA A DIA.

Y queremos que ellos también nos sientan nosotros, DIA A DIA, cercanos, interesados en sus problemas, solidarios con sus proyectos, unidos en la oración, sostenidos por la misma esperanza, porque en ellos y con ellos el testimonio de nuestro amor por los hermanos llega, día a día, hasta los últimos rincones de la tierra.

El 11 de abril, segundo domingo de Pascua, cuando Jesús Resucitado envía a sus discípulos como el Padre le envió a él, tendremos presentes de manera especial a nuestros misioneros diocesanos.