Cáritas Interparroquial . COMUNICADOS'06

COMUNICADO DE LA COMISION DE PASTORAL SOCIAL DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL ESPAÑOLA

 

 

Nadie sin futuro

 

11 de Junio 2006: FESTIVIDAD del CORPUS CHRISTI

 

EUCARISTÍA – MISIÓN – SERVICIO

Ante la festividad del Cuerpo y Sangre de Cristo, los Obispos de la Comisión Episcopal de Pastoral Social nos dirigimos a las comunidades cristianas y a los movimientos eclesiales, para poner de relieve algunas de las insondables riquezas de la Eucaristía. Ella alumbra nuevos horizontes y perspectivas para la misión y servicio de la Iglesia entre los pobres.

En el camino azaroso de nuestra sociedad, la fiesta del Corpus Christi nos invita a discernir si avanzamos con ánimo alegre y confiado en la misión evangelizadora y en el servicio a la comunidad en la que estamos insertados; si la adoración y la acción de gracias fecundan desde dentro nuestro servicio a los más débiles y vulnerables de la sociedad. La vulnerabilidad de personas, grupos y pueblos crece, de día en día, a causa de los procesos de una globalización a veces inhumana.

La Eucaristía es comunión con la persona, misión y servicio de Jesús. Ella irradia, en el mundo, el amor apasionado de Dios por los excluidos de la fiesta del banquete del Reino. Fuente luminosa de vida, amor y novedad, celebra la misión del Hijo venido en la carne y proyecta a la Iglesia, pueblo peregrino en la historia, a desarrollar su ser misionero y ministerial.

Con este mensaje queremos animar a la comunidad cristiana a aunar Eucaristía, misión y servicio. En la Eucaristía acogemos y celebramos el amor que nos impulsa a dar testimonio con nuestras vidas, obras y palabras. Ella nos urge a servir y desarrollar la esperanza de los pobres y desvalidos. En efecto, «para todo ser humano, la caridad que se recibe y se da es la experiencia originaria de la cual nace la esperanza ». Cáritas tiene hoy ante ella este gran desafío: animar nuestras comunidades para que irradien el amor y ternura de Dios por los últimos.

1.- La Eucaristía, horizonte de la misión de Jesús

La proclamación del reino de Dios y la llamada de los primeros discípulos fueron el pórtico y el centro de la misión de Jesús por la orillas del mar, por las veredas de Galilea. Con la fuerza del Espíritu Santo curó a los enfermos, liberó a los oprimidos de las ataduras del padre de la mentira, enseñó a la muchedumbre el camino de la vida, dio a conocer el nombre del Padre y se afirmó como el Hijo amado, como el siervo amado, anunciado por la voz celeste.

Los evangelios presentan la cena del Señor como el momento culminante de su vida y misión, de su acción y predicación, de su ardiente deseo y entrega en la acción gracias .

Con la entrega de su Cuerpo y Sangre, Jesús culminó su misión en la tierra. En su Sangre selló la nueva alianza de Dios con la humanidad. Los discípulos representaban a los comensales de los tiempos mesiánicos, esto es, a «los pobres y lisiados, los ciegos y los cojos» de las encrucijadas de los caminos, y también a todos nosotros. El Hijo, en su condición de siervo, salió a buscar las ovejas de Dios y dio comienzo a la fiesta sin ocaso. La Eucaristía es memorial de la muerte de Cristo y prenda de la vida futura. La comunidad cristiana no cesa de cantar: « Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección.¡Ven, Señor Jesús! » .

El Padre nos sigue enviando, a nosotros sus hijos, a recorrer los caminos invitando a todos a las bodas de su Hijo . La caridad de Cristo, experimentada y alimentada en la Eucaristía, nos apremia a salir a los caminos para convocar a los excluidos. No basta, por tanto, con acoger a los pobres que llaman a nuestra puerta. Movida por el amor, la comunidad eucarística tomará la iniciativa de ir al encuentro de cuantos no han escuchado la invitación al banquete del Reino.

 

2.- Haced esto en memoria mía

Con el mandato «haced esto en memoria mía», Jesús instituía el sacramento de la nueva alianza y enviaba a la comunidad apostólica a la misión. La Iglesia está llamada a hacer memoria del Señor, caminando con Él en busca de las ovejas perdidas para conducirlas a la plenitud de la vida.

En Cristo y con Cristo, la comunidad eucarística está llamada a vivir la opción preferencial por los más vulnerables de nuestra sociedad y de nuestras comunidades cristianas.

La Eucaristía edifica a la Iglesia como misterio de comunión y de misión, como icono de la santa Trinidad. La comunión con Cristo le lleva a servir a los más pobres, a identificarse con aquellos con quienes él se identifico de manera particular. La proclamación de la muerte y resurrección de Jesucristo hasta que vuelva, es inseparable del servicio pobre y humilde a los más desvalidos. El sacramento de la fe es origen y meta de la misión.

Pero la misión no es sinónimo de proselitismo o colonización. Ella brota del amor gratuito de Dios y trata de actualizarlo en la vida cotidiana. El Papa Benedicto XVI, en la encíclica Deus caritas est , dice: «Quien ejerce la caridad en nombre de la Iglesia nunca tratará de imponer a los demás la fe de la Iglesia. Es consciente de que el amor, en su pureza y gratuidad, es el mejor testimonio del Dios en el que creemos y que nos impulsa a amar. El cristiano sabe cuando es tiempo de hablar de Dios y cuando es oportuno callar sobre él, dejando que hable sólo el amor... la mejor defensa de Dios y del hombre consiste precisamente en el amor» (31)

El amor verdadero consiste en que Dios nos amó el primero y envió a su Hijo en una carne semejante a la nuestra . En la Eucaristía nos lo dio como manjar de vida eterna; así nos preparó de antemano la mesa del banquete. Por otra parte, no forzó a los primeros invitados a entrar en el banquete. Fueron libres de acoger o rechazar la invitación. Y, sin embargo, envía, una y otra vez, a plazas y calles, a sus siervos para invitar al banquete de bodas de su Hijo .

El mandato del Señor: haced esto en memoria mía, tiene su complemento en esta otra palabra: «Si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros, porque os he dado ejemplo para que hagáis vosotros lo mismo que yo he hecho» . Con estas palabras, Jesús trazó el camino de la verdadera alegría para la comunidad apostólica.

Jesús liberó, ante todo, a los oprimidos por el príncipe de este mundo, a los que se hallaban bajo el peso de la enfermedad y de la miseria. Amó y sirvió a las muchedumbres que andaban como ovejas sin pastor, esto es, utilizadas y manipuladas por los grandes según el mundo. La comunidad cristiana, con sus pastores al frente, debe significar y actualizar este amor y servicio, en un mundo tan complejo como el nuestro. Por tanto, hay que salir a las plazas y calles para convocar y servir a los más débiles, para liberarlos de la propaganda manipuladora, para ofrecerles el espacio necesario a fin de que puedan ser sujetos activos, libres y responsables de la historia.

3.- El servicio a los pobres en el proceso evangelizador de la Iglesia

La Iglesia, para nosotros los creyentes, es el fruto, signo e instrumento de la misión que Jesús, ungido por el Espíritu de santidad, llevó a cabo .

Animada por el Espíritu, la Iglesia existe en el mundo para evangelizar . En la liturgia, celebra su liberación y constitución como pueblo de la nueva alianza. Con la predicación convoca a los pueblos al banquete del Reino, a la fe en Jesucristo muerto y resucitado. Con el compartir fraterno expresa la gracia y generosidad del Señor que lava los pies y se da como alimento de vida eterna . La caridad de las palabras y de las obras se nutre del misterio eucarístico. Cristo, cuando se recibe con fe viva en el sacramento del altar, injerta al creyente en su pasión de amor por los más insignificantes del mundo.

Nuestras Cáritas nacieron con la vocación de animar este dinamismo en el seno de la comunidad eclesial, tanto a nivel diocesano como parroquial. « El testimonio de la caridad tiene en sí mismo una intrínseca fuerza evangelizadora ». La opción por los pobres es una forma de sembrar de nuevo las semillas del Reino en el corazón de las personas, de la cultura y sociedad secular . En una sociedad tan compleja como la actual, la comunidad cristiana será tanto más significativa y creíble en la medida en que se convierta, por su amor y estilo de vida pobre, en hogar de los desvalidos y en casa de los marginados .

El servicio nacido de la comunión con el Cuerpo y la Sangre de Cristo no puede limitarse a hacer cosas por los pobres. Puesto que están llamados a ser comensales privilegiados del banquete del Reino, la comunidad compartirá fraternalmente con ellos los bienes, tanto espirituales como materiales. El servicio ha de tener en cuenta la totalidad de la persona del pobre y la totalidad de los bienes. La manera de acoger y servir a los necesitados reclama una pedagogía que desarrolle sus personas, aliviando las heridas y carencias que llevan gravadas en la existencia. La Eucaristía ilumina la dignidad de los pobres porque El mismo Señor se identificó con ellos.

Cf. Juan Pablo II. Exh.apost. La Iglesia en Europa, 84

Cf. Lc 22, 15

Lc 14, 13.21

Plegaria Eucarística

Cf. Lc 14, 15-24

Cf. 1Jn 4, 9-10

Cf. Lc 14, 15-24.

Jn 13, 14-17

Cf.Lc 18,19.21.

Cf. EN 14

Cf.Benedicto XVI, Encíclica Deus caritas est, n. 25

La 60 Asamblea General de Caritas Española (28-1-2006) ha afirmado de modo significativo que en el proceso evangelizador de la Iglesia, el servicio a los pobres y últimos debe movilizar las energías de comunidades y pastores.

Cf. Carta apostólica, Novo millennio ineunte, 49

Cf. Carta apostólica, Novo millennio ineunte, 50